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El Niño Manuelito de nuestras Navidades PDF Stampa E-mail
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Domenica 01 Dicembre 2013 21:20
Las fiestas navideñas son tan ricas en costumbres y tradiciones en el mundo que estas no escapan a nuestro folclore popular. Tan es así que los peruanos tenemos como protagonista principal en la Nochebuena al adorado Niño Manuelito.
Pero muchos se preguntarán ¿de dónde viene la imagen y cuál es la historia del niño Manuelito?

Pues bueno, esta viene de una leyenda originaria de los Andes peruanos. El niño Manuelito adopta el nombre de "Imanuelle", uno de los nombres de Cristo y es uno de los íconos más adorados en nuestra serranía.

Los entendidos en el tema dicen que su origen viene a ser una respuesta al Niño español, calificado como cruel y asesino de los conquistadores. Así, hace cuatro siglos, las mujeres del Cusco acogieron al Niño Manuelito dándole un halo de candor y de inocencia. 

En los días próximos a las fiestas navideñas los artesanos visten la imagen pues les da pena que el Niño pase el frío de Los Andes y, asimismo, las familias lo ponen en lo alto de sus casas para que las proteja. También existe la costumbre de amarrarlo fuertemente al pesebre pues se dice que el niño suele escaparse.

El imaginario popular lo representa echado, como queriendo gatear, con labios rojos ligeramente entreabiertos, que dejan ver la gota de leche de sus dientecitos. Cuentan sus más fieles devotos que visita a todos en las Navidades, durante catorce días. Cuando llega la fiesta de Reyes, aseguran, se va a dormir otra vez hasta el próximo año.

Dentro de pocas horas estaremos ya viviendo las emociones y la nostalgia de una nueva vigilia de Navidad. Antes de que llegue la medianoche -a tan solo minutos de que el rollizo Niño Manuelito y el buen Papá Noel ingresen a nuestros hogares-, el ruido de los cohetes y la vocinglería de los niños nos colmará de recuerdos de la infancia y, al lado de nuestros hijos o nietos, la magia de la fiesta de la Cristiandad volverá a ocupar ese indisputable lugar del corazón en el que se anidan los sueños de nuestra lejana niñez.
 
( Artículo encontrado en: El Comercio, 13 de diciembre de 2002 )
 

 

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