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VIEJOS PAPELES – VI PARTE de FREDY GAMBETTA PDF Stampa E-mail
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Giovedì 29 Ottobre 2009 22:27

En mis viejos papeles, de 1903, leo que el joven Gonzalo Astete Pinto llegó a Pachía a las 11 de la mañana, un día cualquiera de aquel año. Lo primero que hizo fue pagar una cuenta en la peluquería de Aníbal Marchand. Después de un almuerzo frugal canceló otra que tenia pendiente en la cantina de Luís Modesto Pomareda y otra más en la Botica Popular.

En la tienda LA ESPAÑOLA, de Policarpo García, compró una cajetilla de cigarrillos marca Cycl. En una tienda de la calle del Comercio adquirió un revólver. Otra vez paso por la peluquería de Marchand para decirle a don Aníbal “Adiós, ya no volveré más por acá”.

 

Siguió avanzando calle arriba por la calle “Comercio”. En el almacén del español Pedro de Lapeyra se despidió con similares palabras. A continuación, en el Pasaje Vigil, abordó el carruaje Nº 03 y se hizo conducir a la residencia del Administrador chileno de la Aduanilla de Sama, don Eduardo Orrego, donde estaba invitado a cenar.

Cuando llego el joven Gonzalo, estaban sentados en la mesa el señor Orrego, su esposa y la hija del matrimonio. Los acompañaban la hija del Administrador de la Aduana de Arica y el joven Pinto en la puerta del comedor. Después de saludarlos a todos, con una reverencia dijo en voz alta y firme “Adiós don Eduardo, adiós señora, adiós todos” y se retiro.

Segundos después se escuchó una fuerte detonación. Los comensales salieron raudos al corredor de la residencia. Allí, con la cara cubierta de sangre, tendido boca arriba, yacía el cuerpo del joven Gonzáles Astete Pinto. Los médicos Ríos y Dagnino, que acudieron minutos después, certificaron el deceso.

La noticia corrió como reguero de pólvora por las calles de la pequeña ciudad ocupada. Llegaron a la casa del señor Orrego, el Prefecto y el Sub Prefecto de la Policía y el padre del occiso, Moisés Astete Pinto que, presa de la desesperación y el dolor, se tendió abrazado al cuerpo de su desgraciado hijo.

Gonzalo se había disparado con un revólver Smith y Wesson, de cinco tiros. En los bolsillos de su saco se encontró una caja de 45 balas y una carta dirigida a su amigo Luís Pacheco, Oficial Primer de la Intendencia, en la que le solicitaba publicar unos versos que los había escrito en un cuaderno que se hallaba entre sus pertenencias en Pachía.

Aquella tragedia sucedió, en Tacna, el martes 18 de agosto de 1903.

En los primeros meses de 1904 el poeta boliviano José Maria Camacho, hijo del General Eleodoro Camacho, valiente combatiente en la Batalla del Campo de la Alianza, presentó a su gobierno un proyecto para comprar los territorios de Tacna y Arica con los 2 millones de libras esterlinas que Brasil entregaría a Bolivia por los territorios del Acre.

La noticia fue publicada en el diario EL MERCURIO, que se editaba en La Paz. Textualmente, Camacho expresaba “A Chile le ofreceríamos diez millones de pesos y la posesión plena del litoral y al Perú otros diez millones y algún territorio en el Nor Oeste”.

El 14 de septiembre de 1904 se estrenó, en el Teatro Municipal, el biógrafo Lumiere. Aquella noche todas las localidades del teatro estaban ocupadas por el publico ávido, nervioso, impaciente por observar, en Tacna, uno de los adelantos que traía el siglo XX.

En ocho secciones se dividió la función. En cada una de ellas se mostraban distintos pasajes. Por ejemplo, la Primera Sección mostraba la peregrinación a Lourdes: la Segunda Sección, la fiesta de las flores en Marsella; la Tercera Sección, una variedad de bailes vascos; la Cuarta Sección, un desfile de guardias de Escocia y una comparsa presidida por el Rey Momo: en la Quinta se observaba el puerto de Amberes, una exposición en Suiza y las fuentes sobre el río Rhin: el jubileo de la reina Victoria, era el tema central de la Sexta Sección; en la Sétima Sección el público apreció las playas de Mónaco y de Biarritz y, finalmente, en la Octava Sección se mostró pasajes de Marruecos, del África y un cortejo árabe.

El público estaba deslumbrado. Pero más se deslumbró, y se asombró, cuando, después de algunos días de permanencia en Tacna, de la compañía que trajo el Biógrafo, se mostraron en la pantalla a las señoritas tacneñas que salían de la misa en el Hospital San Ramón. Aquello fue lo máximo. Los asistentes aplaudieron largamente esas breves y mudas escenas.

Tan grande fue el éxito de la compañía que trajo el Biógrafo Lumiere, que permaneció más de un mes en Tacna.

FREDY GAMBETTA

 

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